Nadie sabe nada de caballos

El otro día estaba haciendo dumb scrolling en Instagram, como todos hacemos, y mi algoritmo me tiró un post que decía algo en la línea de: si en 2007 hubieras invertido USD 1.000 en Apple, hoy tendrías USD 80.000.

El número es incluso conservador: con la acción cerrando a USD 3,05 el 2 de enero de 2007 (precio ajustado por splits, según Yahoo Finance), esos USD 1.000 habrían comprado unas 327 acciones que, al precio actual, equivalen a aproximadamente USD 83.000. Pero siempre que leo este tipo de posts me resulta una narrativa muy reduccionista sobre cómo funciona el mercado accionario y una pésima forma de motivar a las personas a invertir. Principalmente, por tres razones.

Primero, la frase carece de perspectiva temporal. Si nos remontamos a 2007, Apple era una empresa innovadora, pero estaba muy lejos de ser el gigante que conocemos hoy. Ese año se lanzó el primer iPhone y, si bien generó ruido en el mercado estadounidense, al cierre de 2007 solo representaba el 3% del mercado global de smartphones. Los grandes jugadores eran otros: Nokia controlaba el 50,8% del mercado global y BlackBerry tenía el 9,6% y siguió creciendo hasta casi el 20% en 2009 antes de empezar su caída. Nadie tenía la bola de cristal para saber que los líderes absolutos del mercado iban a ser completamente barridos en menos de una década. Identificar al caballo ganador es fácil una vez que cruzó la meta. Lo difícil es elegirlo en la largada, cuando todo indica que hay otros dos caballos mucho más fuertes.

En segundo lugar, estas simplificaciones ocultan el riesgo real de concentrarse en una sola acción. Siguiendo con la analogía: puede ser que no elijas al primero, pero sí al segundo, el rendimiento no fue extraordinario, pero tampoco fue un desastre. Ahora, ¿qué pasa si el caballo que elegiste se cayó a los diez metros de salida? Pasaste de quizás ganar algo a perder la totalidad de tu inversión. Por eso diversificar es y será siempre la mejor estrategia, lo decía mi madre: nunca pongas todos los huevos en una sola canasta, mucho menos en el mundo tan dinámico y cambiante en el que vivimos hoy. Y si a eso le sumamos el efecto impositivo de operar con acciones individuales, la ecuación se vuelve todavía menos atractiva de lo que parece en el papel.

Por último, y quizás el punto más importante: el post asume que el inversor aguantó todo, sin moverse, through it allNinguna empresa llega a ser la más grande de su industria sin altas y bajas considerables. Apple cerró 2008 con una caída del 56,9%, su peor rendimiento anual en los últimos 20 años. La pregunta real no es si habrías comprado en 2007. La pregunta es si habrías mantenido esas acciones viendo cómo se evaporaba más de la mitad de tu inversión, sin vender, sin entrar en pánico, sin salir "a recuperar" en el primer rebote. ¿El inversor que sueña con los USD 83.000 finales estaba dispuesto a tolerar eso? Muy poca gente responde honestamente que sí.

En definitiva, estos posts no son mentira, pero son selectivos de una manera muy conveniente. Cuentan el final feliz sin el camino, eligen al ganador con el diario del lunes y omiten todo lo que hace que invertir sea, en realidad, difícil. La educación financiera real no se construye con titulares virales; se construye entendiendo que el mercado premia la paciencia, la diversificación y la tolerancia al riesgo, no la suerte de haber elegido la acción correcta hace casi veinte años. La próxima vez que veas uno de estos posts, antes de lamentarte por no haber comprado Apple en 2007, preguntate: ¿cuántos Nokia o BlackBerry modernos tenés hoy sin saberlo?

LUCIA CARBAJALES

Anterior
Anterior

¿La competitividad se juega en los detalles?

Siguiente
Siguiente

El petróleo domina la semana mientras el mercado reduce expectativas de bajas de tasas