Uruguay: El 1,8% que engaña
La semana pasada el Banco Central publicó los datos del crecimiento de la economía uruguaya en 2025. Durante varias semanas se habló de la posibilidad de una “recesión técnica”. Finalmente, ese escenario no se concretó, aunque eso no implica que la situación sea del todo alentadora.
Si se mira el dato anual, Uruguay creció 1,8% en 2025. A primera vista, parece una buena noticia. Sin embargo, al analizarlo con detenimiento, la lectura cambia. La economía no cayó, pero tampoco logró un crecimiento significativo. Parte de la explicación está en un efecto bastante engañoso: el arrastre estadístico. La economía venía con buen impulso a fines de 2024 que se trasladó al promedio de 2025. Pero, durante el año, ese motor se fue apagando.
De hecho, en el último trimestre la economía prácticamente no se movió: creció apenas 0,1% respecto al trimestre anterior y también 0,1% frente a igual período del año anterior.
Además, no todos los sectores empujaron en la misma dirección. Algunos sí tiraron del carro, como el comercio, el turismo, los servicios financieros y la industria, impulsada en gran medida por la refinería de Ancap, que en 2024 había estado parcialmente detenida por mantenimiento y en 2025 volvió a operar con normalidad. Por otro lado, hubo sectores que actuaron como freno: la construcción cayó, la energía también, y el agro tuvo un cierre de año complicado, afectado por la sequía.
Del lado de la demanda, el protagonista del año fue el consumo. El gasto de los hogares creció en torno al 2%, impulsado por la mejora de los ingresos y del salario real. A esto se sumó el aumento del gasto público. Sin embargo, aparece una señal de alerta que no pasa desapercibida: la inversión estuvo débil. Este punto es clave, porque sin inversión es difícil sostener el crecimiento hacia adelante. El frente externo tampoco ayudó. Aunque las exportaciones aumentaron, las importaciones lo hicieron en mayor medida.
Por último, quizás lo más importante no es lo que pasó, sino lo que se viene. El bajo dinamismo de 2025 dejó un punto de partida muy bajo para 2026. Eso ya se está reflejando en las proyecciones de analistas, que empiezan a ajustarse a la baja. Esto no es un dato menor: si la economía crece menos, también crecen menos los ingresos del Estado, en un contexto donde el gasto público sigue aumentando. Eso puede tensionar el frente fiscal en los próximos meses.
SOFIA KATZENSTEIN